Angeles y Demonios al descubierto.

El cielo estaba cubierto por un manto de nubes grises que amenazaban con desencadenar una tormenta en cualquier momento. El viento soplaba con fuerza, haciendo que los árboles se mecieran de un lado a otro y levantando remolinos de polvo en el suelo. El ambiente se sentía cargado de electricidad, como si la tensión en el aire pudiera cortarse con un cuchillo. A lo lejos, se escuchaba el retumbar de truenos que resonaban en la distancia, presagiando la llegada inminente de la lluvia. El olor a tierra mojada y a humedad se filtraba en el aire, creando una atmósfera intensa y lluviosa que envolvía todo a su paso. Era un momento de calma tensa, de expectación y de belleza salvaje, donde la naturaleza mostraba toda su fuerza y majestuosidad en la antesala de una tormenta.

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