La cara oculta de los delfines

La mansión abandonada se alzaba imponente en medio de la oscuridad de la noche, sus paredes de piedra cubiertas de enredaderas retorcidas que parecían cobrar vida en la penumbra. Las ventanas, rotas y sucias, reflejaban la luna creciente que se asomaba tímidamente entre las nubes. El viento soplaba con fuerza, llevando consigo el eco de antiguos susurros y el crujido de madera que parecía resonar desde el interior de la casa. A medida que te acercabas, podías sentir el peso de la historia que rodeaba el lugar, una historia llena de misterio y tragedia que se podía palpar en el aire. La mansión parecía aguardar en silencio, como si estuviera esperando a alguien que se atreviera a adentrarse en sus sombríos pasillos y descubrir los secretos que yacían ocultos en su interior. Era un lugar desolado y en ruinas, pero también un lugar lleno de magia y enigmas que invitaba a ser explorado, aunque con el temor siempre acechando en las sombras.

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